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Socialización del cachorro Cobberdog, semana a semana

Publicado el 10 de junio de 2026 · Por el equipo de Australian Cobberdog House

Tres cachorros de Australian Cobberdog crema, negro y rojo sentados en un prado con luz de atardecer

«Socialización desde las cuatro semanas» es una de esas frases que cualquier criadero puede escribir en su web. Por eso hemos querido contarla por dentro: qué hacemos exactamente con cada camada, en qué semana, por qué en ese orden y qué os toca continuar a vosotros cuando el cachorro llega a casa. No hay secretos industriales aquí; hay un calendario que nuestro equipo de etología ha ido afinando durante años y que seguimos con cada camada sin excepción. Es, probablemente, la parte de nuestro método de la que más orgullosos estamos.

Semana 4: el mundo entra en la camada

Hasta las cuatro semanas, la vida del cachorro es su madre, sus hermanos y poco más, y así debe ser. A partir de ahí, empezamos a meterle el mundo en dosis pequeñas y controladas. Estímulos olfativos nuevos cada día. Sonidos domésticos reales: puertas que se cierran, timbres, y también ruidos difíciles como los petardos, porque preferimos que los conozca aquí, en un entorno seguro y con su camada al lado, a que los descubra con ocho meses en plena calle.

En esas mismas semanas llegan los primeros paseos con correa —torpes, cortos, casi simbólicos, pero paseos— y las primeras salidas en coche, para que el motor y el movimiento sean rutina y no acontecimiento. Y casi todo esto ocurre al aire libre, porque podemos: criamos en el Mediterráneo español precisamente porque su clima permite trabajar fuera los doce meses del año, en enero igual que en julio. Un cachorro que ha pisado hierba, tierra y sol desde el primer mes sale al mundo con otra base.

Hacia las siete semanas, cada cachorro pasa individualmente un test de temperamento con el etólogo del equipo. No es un examen que se apruebe o se suspenda: es una radiografía del carácter —sensibilidad, iniciativa, recuperación ante lo inesperado, interés por las personas— que nos dice cómo es ese cachorro concreto, más allá de lo que prometa su genética.

Con ese resultado hacemos lo más delicado de nuestro trabajo: el emparejamiento entre cachorro y familia. El cachorro más despierto de la camada no es necesariamente el mejor para vosotros; quizá vuestra vida pide justo el más tranquilo. Le hemos dedicado un artículo entero a cómo es el test del etólogo a las siete semanas, porque merece explicación propia.

Semana 8: aprender a estar solo con red de seguridad

A las ocho semanas —la edad mínima legal de separación en España— nosotros empezamos otra cosa: la separación progresiva de la madre. Primero media hora. Después una hora, luego dos, luego cuatro. El cachorro aprende que la madre se va y vuelve, que estar solo es un estado normal y transitorio, y lo aprende cuando todavía tiene su red de seguridad: su espacio conocido, sus olores, sus hermanos.

En paralelo, los ratos a solas programados que empezaron como un juego se van alargando. No hay drama en ninguna fase, y esa es exactamente la idea: la soledad se aprende en escalones tan bajos que ninguno asusta.

Mes 3: duermen solos, y entonces —solo entonces— se van

A los tres meses, lo habitual es que nuestros cachorros duerman solos toda la noche con naturalidad. Ese es el objetivo que nos marcamos, y por eso nuestras entregas son a partir de los tres meses: con el programa inicial de socialización realizado, la pauta vacunal correspondiente a su edad y el cachorro comiendo sólido con normalidad. La socialización y la educación continúan después en casa, con la familia. El proceso completo de reserva y entrega lo tenéis explicado en la página de cachorros.

Por qué trabajamos así la autonomía

Conviene decirlo sin rodeos: el apego intenso a las personas es la gran virtud de esta raza, y también la razón por la que la autonomía merece un trabajo específico. Un Cobberdog quiere estar con los suyos, y aprender a estar solo por etapas, con su red de seguridad todavía cerca, le da una base mucho mejor que estrenar esa experiencia de golpe en una casa nueva. Ese es el sentido de todo el calendario que acabáis de leer.

Este trabajo pretende ofrecer al cachorro una buena base para afrontar los momentos de separación, aunque el comportamiento futuro dependerá también de su temperamento, del entorno y del manejo de la familia. Cuando un cachorro nuestro llega a vuestra casa, quedarse solo un rato no es una experiencia nueva: es algo que lleva semanas practicando. Vuestra tarea no es enseñárselo desde cero, sino continuarlo.

Las primeras semanas en casa: cómo no deshacer el trabajo

Aquí van las pautas que damos a todas nuestras familias, y que os pedimos tomaros en serio precisamente los primeros días, cuando más apetece lo contrario. Dejadle ratos a solas de unas dos horas por la mañana y otras dos por la tarde, aunque estéis en casa. Sabemos que suena antiintuitivo con un cachorro recién llegado al que solo queréis achuchar, pero un perro que aprende que la familia entra y sale sin que pase nada es un perro tranquilo para toda la vida; uno que pasa sus primeras tres semanas pegado a vosotros las veinticuatro horas aprenderá justo lo que no queréis.

Para dormir y para las ausencias, elegid una habitación pequeña y tranquila, no el salón: el salón es la zona de paso y de estímulos, el peor sitio para descansar. ¿Y la jaula? Con nuestros cachorros no es necesaria: la socialización que traen hace su función. Si por vuestra rutina preferís usarla como madriguera, podéis hacerlo sin problema; simplemente no la necesitáis como herramienta correctora.

Lo demás es sentido común y calma: rutinas estables, presentaciones graduales, y las ganas de jugar de un cachorro que viene con los deberes hechos. Si estáis esperando a uno de los nuestros o valorando reservarlo, escribidnos cuando queráis: os contamos en qué punto del calendario está su camada y qué le estamos enseñando esa misma semana.

¿Hablamos?