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Cómo empezó nuestro criadero de Australian Cobberdog

Publicado el 12 de julio de 2026 · Por el equipo de Australian Cobberdog House

Australian Cobberdog adulta de color rojo tumbada en el césped con tres de sus cachorros a contraluz

Cuando una familia nos pregunta por qué criamos Australian Cobberdog y no otra raza, la respuesta no cabe en una frase. Detrás hay un camino que empezó mucho antes de que existiera este criadero, y que tiene tanto de decisión meditada como de enamoramiento. Os lo contamos tal y como fue, sin adornos, porque entender de dónde venimos ayuda a entender cómo criamos hoy y por qué lo hacemos así.

Siempre al lado de los animales

Los animales han estado desde siempre en nuestra vida. No venimos de una raza concreta ni de una tradición familiar de cría: venimos de una vida entera compartida con perros. Hemos convivido con muchas razas a lo largo de los años, cada una con su carácter, sus virtudes y sus manías, y de todas aprendimos algo. Esa convivencia larga y variada nos dejó una idea fija: un buen perro no es cuestión de moda ni de estética, sino de equilibrio. Salud, cabeza y un vínculo verdadero con las personas.

Con ese poso fuimos afinando lo que buscábamos. No un perro más, sino uno que reuniera todo lo que habíamos aprendido a valorar: la estabilidad emocional, el apego a la familia, la nobleza con los niños y, si era posible, un manto que no llenara la casa de pelo ni disparara las alergias. Durante mucho tiempo dimos por hecho que ese perro, tal cual, no existía.

El día que conocimos al Australian Cobberdog

Nos enamoramos del Australian Cobberdog casi sin buscarlo. Lo primero que nos atrapó fue el carácter: perros serenos, pegados a las personas, con una disposición amable que no se apagaba con los años. Luego vino lo demás —el manto ondulado que apenas muda, la versatilidad para la compañía, la terapia y la asistencia—, pero el flechazo fue el temperamento. No es casualidad que la propia raza lleve esa vocación en el nombre: «cobber» es, en el argot australiano, la palabra para «amigo». Aquello era, en esencia, el perro que llevábamos años describiendo sin saber que ya tenía nombre. En la guía de la raza lo contamos con calma y sin marketing.

Un viaje a Australia

Enamorarse es fácil; hacer las cosas bien, no tanto. Si íbamos a dedicarnos a esta raza, queríamos conocerla en su origen, no a través de fotos y anuncios. Así que viajamos a Australia, la cuna del Australian Cobberdog, para verlo de cerca: conocer a los criadores que lo desarrollaron, entender el estándar de la MDBA que lo rige, ver de dónde salían las líneas y cómo se trabajaba la salud generación tras generación. Volvimos con las ideas mucho más claras y con una exigencia que ya no nos abandonó: criar con criterio o no criar.

Las instalaciones y los años de papeleo

Lo que vino después tuvo poco de romántico y mucho de paciencia. Montar unas instalaciones de cría pensadas para las madres y los cachorros llevó su tiempo y su inversión. Y traer líneas de la otra punta del mundo, importar reproductores con su genética testada y obtener las certificaciones necesarias significó años de tramitación legal: permisos, registros, licencia de núcleo zoológico, certificación como criadores conforme a las normas de la raza. Fueron años lentos, de papeleo y de esperas, en los que muchas veces avanzábamos a golpe de trámite. No lo contamos como queja, sino como lo que fue: la prueba de que queríamos hacerlo en regla y para quedarnos.

Hoy: perros nuestros en muchos países

De todo aquel esfuerzo queda hoy lo más valioso. Perros nacidos en nuestro criadero viven con familias de distintos países de Europa, América, África y Asia, algunos en lugares que al principio nos parecían impensables. Cada tanto nos llega una foto de uno de ellos ya adulto, en un rincón del mundo que no conocemos, acompañando a una familia que un día confió en nosotros a distancia. Ese mapa de perros repartidos es, para nosotros, el mejor resumen de estos años.

Cómo criamos hoy

Criamos con pocos perros y mucho criterio, y las dos cosas van juntas. No buscamos volumen: buscamos que cada camada esté bien pensada y bien acompañada, desde antes de nacer hasta que cruza la puerta de su familia. Esa manera de trabajar se apoya en tres pilares.

El primero es la salud. Todos nuestros reproductores pasan el panel genético H639 de CombiBreed, que estudia variantes hereditarias y rasgos de la raza, y trabajamos codo con codo con veterinarios especializados en cada etapa, del seguimiento de la gestación a la revisión de cada cachorro antes de la entrega. Cómo funciona todo esto lo explicamos en salud y genética.

El segundo es el equilibrio entre belleza y salud. Nos gustan los perros bonitos, no lo vamos a negar, pero nunca sacrificamos la salud ni el carácter por un rasgo estético. Un Cobberdog tiene que ser, ante todo, un perro sano y equilibrado; lo demás viene después.

El tercero, y para nosotros el que más pesa en el día a día, es el comportamiento. Ponemos el foco en la educación y la socialización desde las primeras semanas de vida, con un etólogo en el equipo y un protocolo que empieza mucho antes de que el cachorro se plantee siquiera conocer a su familia. Queremos perros que lleguen a casa preparados para vivir con personas, no solo bonitos en una foto. El método completo, paso a paso, lo tenéis en la página del criadero.

Si habéis llegado hasta aquí, probablemente le estéis dando vueltas a la misma pregunta que nos hicimos nosotros hace años: si esta es vuestra raza. No tenemos ninguna prisa por convenceros. Escribidnos por WhatsApp o dejadnos vuestros datos en el formulario, contadnos cómo es vuestra vida, y os diremos con franqueza si un Cobberdog encaja en ella. Y si queréis ver cómo es el camino desde el primer mensaje hasta la entrega, está detallado en la página de cachorros.

¿Hablamos?